El oficialismo brasileño y el hijo de Jair Bolsonaro protagonizan una contienda electoral que tiene en vilo a toda la región, con un resultado que podría no definirse hoy y con la postura de Donald Trump como factor de presión externo.

Hoy es día de elecciones en Brasil y el ambiente no puede ser más tenso. El partido que hoy gobierna el país necesita ganar para seguir en el poder, pero enfrente tiene a un candidato bolsonarista que viene creciendo y que, según las encuestas, llega a la jornada electoral prácticamente de igual a igual. La posibilidad de que ninguno de los dos se imponga en primera vuelta es alta, lo que llevaría la definición a un balotaje y mantendría la incertidumbre política por varias semanas más.

La pelea interna dentro del oficialismo fue uno de los temas que más desgastó al gobierno de cara a estos comicios. Las diferencias que no se terminaron de resolver puertas adentro le quitaron energía a la campaña y le dieron oxígeno a la oposición. A eso hay que sumarle el rol que juega Estados Unidos en todo esto: la administración Trump viene mandando señales que no pasan desapercibidas y que generan lecturas distintas según desde dónde se mire.

Para América Latina, lo que pase en Brasil es clave. El país no solo es el más grande del continente sino que también funciona como termómetro de hacia dónde va la política regional. Hoy se empieza a escribir ese capítulo, aunque quizás no se cierre hasta la segunda vuelta. Según LA NACION, la elección tiene en juego mucho más que la presidencia de Brasil.

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