Aunque suelen asociarse con la gastronomía europea, las papas tienen sus raíces en América del Sur. El cultivo se originó en la región andina, particularmente en los actuales territorios de Perú y Bolivia, donde los pueblos originarios las consumían desde hace miles de años.

Con la llegada de los españoles a América, la papa comenzó a trasladarse hacia Europa durante el siglo XVI. Su capacidad de adaptación y su valor alimentario hicieron que posteriormente se expandiera por distintas regiones del mundo.

La transformación de la papa en el popular alimento frito que conocemos hoy ocurrió posteriormente en Europa, aunque Francia y Bélgica continúan disputándose su origen. Lo cierto es que aquella preparación terminó convirtiéndose en un acompañamiento presente en restaurantes, hogares y puestos de comida de todo el mundo.

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