Un análisis académico señala que las redes sociales promueven una visión distorsionada del mundo. El sesgo de rareza hace que los contenidos más llamativos se destaquen por encima de lo cotidiano.

Este fenómeno se explica por dos factores: la tendencia humana a valorar lo inusual y la búsqueda constante de novedad. Ambos elementos se refuerzan dentro del ecosistema digital.

Así, lo que aparece en pantalla no refleja necesariamente la realidad, sino una selección de lo más excepcional.

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