La manera en que fuimos criados influye directamente en cómo educamos a las nuevas generaciones. Muchas prácticas se repiten de forma automática, incluso cuando no coinciden con lo que se desea transmitir. Este fenómeno responde a patrones profundamente incorporados.
Expertos en psicología señalan que estos comportamientos pueden revisarse y modificarse. La toma de conciencia es fundamental para generar cambios. También es clave el acceso a herramientas que permitan construir nuevas formas de vínculo.
Romper con estas dinámicas implica un proceso de aprendizaje. No se trata de negar la historia personal, sino de resignificarla. Así, es posible construir una crianza más consciente y saludable.








