Investigaciones recientes analizan si la exposición al frío, como duchas frías o chalecos de hielo, puede influir en la grasa corporal. Los estudios buscan determinar si estas prácticas activan mecanismos que favorecen la quema de energía. El interés crece en torno a su posible impacto en el peso.
El foco está puesto en la activación de la grasa marrón, un tipo de tejido que ayuda a generar calor al quemar calorías. Los científicos evalúan hasta qué punto este proceso puede contribuir a reducir la grasa corporal. Sin embargo, los resultados aún no son concluyentes.
Especialistas advierten que estos métodos no reemplazan hábitos saludables como la alimentación equilibrada y el ejercicio. La evidencia disponible todavía es limitada y requiere más investigación. Mientras tanto, el uso del frío como estrategia para adelgazar sigue en debate.








