Muchas personas sienten que el año realmente empieza en marzo, cuando el fin de las vacaciones da paso a la compra de útiles, la organización de traslados y la vuelta completa a la rutina laboral, provocando cansancio incluso durmiendo las ocho horas recomendadas.
La ciencia revela que este agotamiento no siempre se debe a falta de voluntad, sino que puede estar ligado a factores genéticos. Según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, los test genéticos actuales analizan hasta 700.000 variantes, permitiendo detectar predisposiciones a la fatiga neuromuscular y a la inflamación tras el esfuerzo, que afectan la recuperación física y emocional después de jornadas intensas.
El estudio muestra que la fatiga crónica y la dificultad para concentrarse pueden relacionarse con la baja absorción de micronutrientes como magnesio y vitaminas B12, B6 y D, esenciales para las mitocondrias, las “fábricas de energía” de las células. Cada persona metaboliza estos nutrientes de manera distinta, por lo que algunas necesitan suplementación específica para mantener niveles adecuados y energía constante.
La genética también influye en la reacción a la cafeína y al estrés diario, mientras que la falta de sueño eleva los riesgos de accidentes viales y laborales. Según Adrián Turjanski, director científico de Gen360, conocer el propio perfil genético permite tomar decisiones más informadas sobre nutrición, descanso y hábitos, ofreciendo herramientas para mejorar el bienestar y enfrentar el cansancio de manera efectiva.








