Especialistas subrayan que cuidar la salud mental junto con la percepción del propio cuerpo es clave, especialmente en adolescentes y jóvenes, para prevenir y tratar la depresión de manera efectiva.
La depresión afecta a personas de todas las edades y géneros. Según la OMS, el 5,7% de los adultos en el mundo la padecen, porcentaje que aumenta al 6,9% entre mujeres y llega al 5,9% en mayores de 70 años. La OPS la define como un trastorno grave que limita la vida diaria y destaca la influencia de factores sociales y culturales, como la relación con la propia imagen, particularmente en los jóvenes.
En la “sociedad del cansancio”, como la llama el filósofo Byung-Chul Han, la presión por rendir y la hiperconexión digital generan aislamiento y malestar silencioso. La insatisfacción con el cuerpo, impulsada por la comparación en redes sociales, se ha identificado como un factor importante que puede alimentar síntomas depresivos, según un metaanálisis de 2025 con más de 55.000 participantes.
Los profesionales de la salud tienen un papel central. El cirujano plástico Juan Manuel Seren destaca que un abordaje integral en consultas estéticas permite detectar trastornos dismórficos y derivar a especialistas en salud mental cuando sea necesario. Además, subraya la importancia de gestionar expectativas reales, para que las decisiones sobre el cuerpo se tomen desde el bienestar integral y no como respuesta a presiones externas.
La adolescencia es un período crítico. Estudios muestran que la comparación de apariencia y la internalización de ideales de belleza afectan la apreciación corporal y aumentan el riesgo de depresión. Las adolescentes suelen sufrir más por la presión hacia la delgadez, mientras que los varones se ven impactados por el ideal de musculatura; ambos géneros enfrentan estándares de belleza difíciles de alcanzar.
En casos médicos que afectan la identidad, como las mastectomías, la salud mental es clave para reconstruir la autoestima. La psiquiatra Ana María De Lodovici explica que la posibilidad de reconstrucción mamaria mejora significativamente la recuperación emocional y ayuda a afrontar tratamientos oncológicos, fomentando la aceptación del cuerpo y el bienestar futuro.
La depresión puede manifestarse como tristeza persistente, ansiedad, pérdida de interés, cambios en apetito o peso y pensamientos suicidas. Aunque existen tratamientos eficaces, solo un tercio de quienes la padecen en países de ingresos altos recibe atención adecuada, debido a la falta de inversión, escasez de profesionales y estigma. Promover entornos compasivos, valorar la diversidad corporal y aplicar un enfoque multidisciplinario es esencial para cuidar la salud emocional y apostar por la vida.








