El rey Carlos III desplegó toda la pompa de la corona británica para recibir al sultán Haitham bin Tarik en el Castillo de Windsor, en una noche que quedó opacada por las declaraciones de Harry sobre sus deseos de hacer las paces con la familia.
Carlos III tuvo una noche muy ocupada en el Castillo de Windsor: organizó una cena de gala para agasajar al sultán de Omán, Haitham bin Tarik, que estaba de visita oficial en el Reino Unido. El evento tuvo todo lo que se espera de la realeza inglesa: protocolo, elegancia y ese despliegue que saben armar cuando reciben a un mandatario extranjero.
Al mismo tiempo, desde el otro lado del Atlántico, el príncipe Harry mandaba un mensaje que no pasó para nada desapercibido. El hijo menor del rey dijo públicamente que quiere reconciliarse con su familia. Harry y Meghan se instalaron en Estados Unidos hace años y desde entonces la relación con Carlos y con el príncipe William estuvo marcada por tensiones, libros, entrevistas y cruces de todo tipo.
Que las dos noticias hayan caído el mismo día le dio a la jornada un condimento especial. Por un lado, el rey mostrando la mejor cara de la corona ante un jefe de Estado; por el otro, su hijo pidiendo que le abran la puerta de vuelta. Si alguien en el palacio va a responder ese pedido, todavía no hay señales claras.








