La apertura comercial que llevó adelante el gobierno argentino dejó números muy concretos: los celulares importados se multiplicaron y la producción local, concentrada en Tierra del Fuego, se cayó a pique.
La política de apertura importadora del gobierno de Javier Milei tiene ya resultados concretos en el mercado de la tecnología. Las importaciones de celulares crecieron un 746% respecto al período anterior, una explosión que tiene su explicación en la quita de aranceles que antes hacían más caros a los equipos que venían de afuera. Del otro lado de la balanza, la producción local de electrónica cayó casi un 40%.
El impacto más fuerte lo recibe Tierra del Fuego, la provincia que concentra el ensamblaje de electrónica en Argentina gracias a un régimen de promoción industrial que existe desde hace décadas. Con los aranceles afuera, los teléfonos que se fabrican o ensamblan allá perdieron la ventaja de precio que tenían frente a los importados, y las plantas empezaron a producir menos. Eso se traduce en menos trabajo y menos actividad económica en una provincia que depende mucho de ese sector.
Para el consumidor, la apertura puede parecer buena noticia porque los precios de los celulares bajaron. Pero para los trabajadores y empresas del sector, el panorama es complicado. El debate sobre si conviene tener industria nacional con protección o abrir el mercado y que compita sin red está más vivo que nunca. Según LA NACION, estos datos reflejan con claridad las dos caras de la misma política comercial.








