La depresión es una enfermedad grave que puede interferir con la vida cotidiana, el estudio, el trabajo y las relaciones sociales. En adolescentes, se estima que afecta al 3,4-5% de este grupo y los adultos mayores, la depresión puede pasar desapercibida .
En los adolescentes, la depresión no siempre se manifiesta como tristeza evidente: puede presentarse como irritabilidad, aislamiento, bajo rendimiento escolar, cambios en el sueño o abandono de actividades que antes disfrutaban. La presión académica, el bullying, conflictos familiares o la exposición constante a redes sociales son factores que pueden desencadenarla. La detección temprana es clave, y la escuela suele ser uno de los primeros espacios donde se observan las señales.
El tratamiento combina la consulta médica inicial con pediatras o médicos de atención primaria, derivación a profesionales de salud mental, terapias psicológicas y, en algunos casos, medicación especializada. Con acompañamiento constante y sostenido, la recuperación es posible. Para quienes atraviesan la depresión, incluso actividades simples pueden resultar agotadoras, y no se trata de falta de voluntad sino de una enfermedad multifactorial que requiere atención y comprensión.
En los adultos mayores, los síntomas depresivos suelen confundirse con el envejecimiento natural, apareciendo como dolor crónico, fatiga, cambios en el apetito o insomnio. La soledad, la pérdida de vínculos y la disminución de la autonomía aumentan el riesgo de depresión. Profesionales recomiendan un enfoque comprensivo, acompañamiento familiar y social, y atención médica o psicológica para resignificar estas etapas de la vida y mejorar la función cognitiva y emocional.








